LA POESÍA de Miguel Hernández, apasionada en ocasiones hasta la desesperación; serena en otras hasta el desaliento; humana y verdadera siempre, ha hecho de este poeta un símbolo para las jóvenes generaciones de las últimas décadas. Porque, de alguna manera, Miguel Hernández encarna la figura del poeta de la libertad.
Apasionado y reflexivo, espontáneo y retórico, mimético y original, se entrega a su obra de poeta como reflejo verdadero de su propia existencia. Pero también por las heridas de su pueblo, de las causadas en su alma de hombre de pueblo por la tradición y el crimen.
Es, pues, una figura “romántica”, en el sentido de que lucha desesperadamente por el amor, la justicia y de libertad, es decir, en defensa del hombre.
Sobre él escribió Vicente Alexaindre:
“Era puntual, con puntualidad que podríamos llamar del corazón. Quien lo necesitase a la hora del sufrimiento o de la tristeza, allí le encontraría, en el minuto justo.
Silencioso, daba bondad con compañía y su palabra verdadera, a veces una sola, haría el clima fraterno, el aura entendedora, donde la cabeza dolorosa podría reposar, respirar”.
– Contraportada
![El Rayo Que No Cesa [Miguel Hernández]](http://static.flickr.com/28/53587605_88c34630de_m.jpg)