El dí­a de muertos y la UNESCO


Espero que este post inusualmente largo contribuya a reducir la confusión que se genera estos dí­as que en general son o deben ser destinados a recordar a nuestros antepasados y a reflexionar sobre la muerte.

Mi posición es clara, no estoy en contra de alguna de estas costumbres, sólo que resulta desafortunado que en general la mayoría de las personas (principalmente los jóvenes) desconozcan los orígenes y significados de éstas.

La UNESCO y las Obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad
La Festividad Indí­gena de Dí­a de Muertos ha sido proclamada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Este reconocimiento es otorgado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, encabezó el Grupo de Trabajo para la Promoción y Protección del Patrimonio Oral e Intangible, que seleccionó y elaboró la candidatura para dicho reconocimiento, toda vez que consideró que esta festividad representa uno de los ejemplos más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, así­ como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor plenitud de los grupos indí­genas que actualmente habitan en nuestro paí­s. En el grupo señalado participan instancias como el Instituto Nacional de Antropologí­a e Historia, la Dirección General de Culturas Populares e Indí­genas y la Coordinación de Asuntos Internacionales de Conaculta.

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Riesgos
Las fiestas indí­genas dedicadas a los muertos están profundamente arraigadas en la vida cultural de más de 40 grupos indí­genas de México y son celebradas activamente por personas de todas las edades. Aunque esta tradición no se ve por el momento gravemente amenazada, podrí­a perder fácilmente su significación para los que la practican.

Plan de Acción
Se preservará la dimensión estética y metafísica de la fiesta frente al creciente número de actividades comerciales y recreativas no indí­genas que tienden a ocultar su carácter espiritual. El plan de acción recomienda en particular mejorar la protección legal de esta tradición. Además, los futuros trabajos de investigación y de documentación se centrarán en las prácticas rituales y en las cosmologí­as subyacentes.

El Dí­a de Muertos entre los pueblos indí­genas (Fragmento)
Dos de las celebraciones más importantes de México se realizan en el mes de noviembre. Según el calendario católico, el dí­a primero está dedicado a Todos los Santos y el dí­a dos a los Fieles Difuntos. En estas dos fechas se llevan a cabo los rituales para rendir culto a los antepasados.

Es el tiempo en que las almas de los parientes fallecidos regresan a casa para convivir con los familiares vivos y para nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares domésticos.

Calavera de azúcar La celebración del Dí­a de Muertos, como se le conoce popularmente, se practica a todo lo largo de la República Mexicana. En ella participan tanto las comunidades indí­genas, como los grupos mestizos, urbanos y campesinos.

Según la creencia del pueblo, el dí­a primero de noviembre se dedica a los “muertos chiquitos”, es decir, a aquellos que murieron siendo niños; el dí­a dos, a los fallecidos en edad adulta. En algunos lugares del paí­s el 28 de octubre corresponde a las personas que murieron a causa de un accidente. En cambio, el 30 del mismo mes se espera la llegada de las almas de los “limbo” o niños que murieron sin haber recibido el bautizo.

El ritual de Dí­a de Muertos conlleva una enorme trascendencia popular, su celebración comprende muy diversos aspectos, desde los filosóficos hasta los materiales.

La celebración de Todos los Santos y Fieles Difuntos, se ha mezclado con la conmemoración del día de muertos que los indí­genas festejan desde los tiempos prehispánicos. Los antiguos mexicanos, o mexicas, mixtecas, texcocanos, zapotecas, tlaxcaltecas, totonacas y otros pueblos originarios de nuestro paí­s, trasladaron la veneración de sus muertos al calendario cristiano.

Antes de la llegada de los españoles, dicha celebración se realizaba en el mes de agosto y coincidí­a con el final del ciclo agrí­cola del maí­z, calabaza, garbanzo y frijol. Los productos cosechados de la tierra eran parte de la ofrenda.
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La muerte en la cultura mexicana (Fragmento)
La cultura mexicana tiene su más añeja festividad en la celebración del dí­a de muertos, festividad que se ha visto retratada con diferentes expresiones y matices culturales en nuestro paí­s, desde el arte mortuorio prehispánico hasta el popular de nuestros dí­as.

Hoy la muerte hecha objeto no nos toma por sorpresa pero se reconoce que lo particularmente mexicano no radica en el desprecio sino en su valoración, se entiende como manifestación y explicación del mundo heredada inconscientemente: sus gestos socializados de la vida.
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La muerte en el México prehispánico (Fragmento)
En México, las ceremonias rituales dedicadas a los muertos se practican, desde antes de la llegada de los españoles a tierras mesoamericanas, el culto data por lo menos desde 1800 antes de nuestra era.. Dentro de la cosmogoní­a de las culturas del centro de México, se encontraban las fiestas para la celebración de los muertos. La muerte fue, para muchos de los pueblos mesoamericanos, de gran importancia dentro de su sistema de creencias. Al respecto algunas fuentes como Fray Durán, Torquemada, Sahagún y Krickeberg, señalan que en el calendario mexica el cual constaba de 18 meses, los meses noveno y décimo denominados Tlaxochimaco y Xocolhuetzi respectivamente, estaban dedicados a la celebración del dí­a de los muertos chiquitos, el primero y de los grandes, el último.
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La celebración de muertos en el México colonial (Fragmento)
En el año de 1521, México fue conquistado por los españoles. La caí­da de Tenochtitlán, capital de los antiguos mexicanos, fue el símbolo del exterminio de las culturas indí­genas. Nuevas ideas acerca de la muerte se implantaron. La ideologí­a de los conquistadores, sustentada en el catolicismo, modificó ritos y cosmovisiones.

La idea de una prolongación de la vida en el más allá se mantuvo, si bien es cierto que sustancialmente distinta. Las dos regiones a las que iban los muertos en la mitologí­a mexica, se sustituyeron por el cielo y el infierno, cambio que traería consigo una diferente valoración del concepto de la muerte. El destino del alma se determinó en atención al bien y al mal, al comportamiento de una ética cristiana basada en las buenas o en las malas acciones que se hubiesen realizado en vida. Un nuevo dios apareció que premiaba o castigaba.
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Fiesta de dí­a de muertos en el México actual (Fragmento)
El sincretismo entre costumbres españolas e indí­genas dio origen a lo que actualmente constituye la Fiesta de Dí­a de Muertos. En México, paí­s pluricultural y pluriétnico, la celebración de muertos no tiene un carácter homogéneo, sino que adquiere diferentes modalidades según el pueblo indí­gena o grupo social que la realice. Las variantes rituales son muchas, sin embargo, todas ellas giran alrededor de ciertas prácticas comunes: la bienvenida y despedida de las ánimas, la colocación de ofrendas para los muertos, el arreglo de las tumbas, la velación en el cementerio y la celebración de oficios religiosos.

Los preparativos para estas fiestas varí­an; algunas comunidades inician el 15 de mayo, con la siembra del cempasúchitl; otras los primeros dí­as de octubre empiezan a hacer sus ahorritos para la fiesta de noviembre. En el caso de los nahuas de Tepexititla y Chililico, se inicia el 29 de septiembre, fecha en que se celebra a San Miguel, este dí­a se realiza la primera ofrenda a los muertos.
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Ofrendas de dí­a de muertos (Fragmento)
La ofrenda es ese ritual colorido donde el individuo y la comunidad están representados con su dádiva; es un acto sagrado, pero también puede ser profano: la tradición popular es la simbiosis de la devoción sagrada y la práctica profana.

Ofrendar, en el Dí­a de Muertos, es compartir con los difuntos el pan, la sal, las frutas, los manjares culinarios, el agua y, si son adultos, el vino. Ofrendar es estar cerca de nuestros muertos para dialogar con su recuerdo, con su vida. La ofrenda es el reencuentro con un ritual que convoca a la memoria.
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El pan de muerto en las regiones de México (Fragmento)
Las ofrendas de muertos tienen su origen en las culturas prehispánicas. Una ofrenda similar a la actual de dí­a de muertos era la de la diosa Cihuapipiltin, dedicada a las mujeres que morí­an del primer parto, se creí­a que rondaban por el aire causando enfermedades entre los niños, por ello les hací­an regalos en el templo o en las encrucijadas del camino. Las ofrendas consistí­an en “panes” de diversas figuras como mariposas o rayos (Xonicuille) hechos a base de amaranto y “pan ázimo” que era un pan de maí­z seco y tostado, Sahagún lo describe así­ por no llevar cal, a este pan se le llamaba Yotlaxcalli, otros ofrecí­an unos tamales (Xucuientlamatzoalli) y maí­z tostado llamado Izquitil, casi toda la ofrenda era de amaranto porque lo consideraban un alimento especial.
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Halloween (Fragmento)
Halloween es una fiesta que se celebra en gran parte del mundo occidental la noche del 31 de octubre, ví­spera del Dí­a de Todos Los Santos (1 de noviembre). Sus orí­genes se remontan a los celtas, y la fiesta fue exportada a los Estados Unidos por los emigrantes irlandeses en el siglo XIX, más o menos por 1846. Debido a la influencia reciente de los Estados Unidos en el resto del mundo y al marketing de las empresas, Halloween se ha popularizado también en otros paí­ses pese a que mucha gente la sigue considerando una fiesta estadounidense sobre todo donde se tiene más costumbres arraigadas para este mismo dí­a.

Historia
Su historia remonta a más de 2.500 años, cuando el año celta terminaba al final del verano, el preciso dí­a 31 de octubre de nuestro calendario. El ganado era rejuntado de los prados en los establos. Ese último dí­a, se suponí­a que los espí­ritus podí­an salir de los cementerios y apoderarse de los cuerpos de los vivos para resucitar. Para evitarlo, los poblados celtas ensuciaban las casas y las “decoraban” con huesos, calaveras y demás cosas desagradables para que los muertos pasaran de largo asustados y así­ evitar ser desposeí­dos de sus cuerpos por los espí­ritus de los muertos.
Calabaza de Halloween

De ahí­ viene la tradición de decorar con motivos siniestros las casas en la actual ví­spera de todos los santos. Como también los disfraces. Una fiesta asociada a la venida de los dioses paganos a la vida.

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Conclusión
Entre más y mejor conocimiento poseamos, podremos valorar lo benéfico de nuestro sincretismo, y por supuesto rechazar lo que no aporta a la cultura.

Referencias
El Dí­a de Muertos entre los pueblos indí­genas
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indí­genas – México
Las fiestas indí­genas dedicadas a los muertos
Dí­a de Muertos
Dí­a de todos los Santos
Halloween


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